Desde hace varias
semanas, en este espacio, venimos dando tribuna a una de las revoluciones económicas
de estos últimos años, La Economía Colaborativa, seguramente ya conoces el
termino y lo que esta logrando en la forma como se hacen los negocios, como se
desarrollan nuevas empresas y como se relacionan entre si y sin duda alguna se
ha convertido en un campo de estudio que es imposible que no resulte atractivo.
En esta oportunidad
veremos algo que un estudio de PWC esta proyectando para menos de 10 años en el
futuro.
Un Informe Revelador
La economía
colaborativa, un modelo de negocio que pone en contacto a particulares para
compartir o vender bienes y servicios, tendrá un impacto mundial de más de
300.000 millones de euros (335.000 millones de dólares) en 2025, según datos de
la consultora PwC recogidos por la escuela de negocios OBS.
En su informe "Los
límites de la economía colaborativa", OBS analiza la rentabilidad y el
crecimiento del consumo colaborativo, que cerró 2015 con más de 7.500
plataformas en todo el mundo, así como los riesgos y dificultades que conllevan
estas iniciativas.
El informe recuerda que
la Unión Europea cuantificó el impacto del mercado colaborativo en 28.000
millones de euros en 2015, tras la publicación del dictamen en el que
respaldaba este modelo de mercado, al considerarlo como una solución a la
crisis económica.
Desarrollo en la Unión Europea
En España, este modelo
se dio a conocer en el sector turístico entre los años 2012 y 2013 y se
expandió después a sectores como el transporte, las fianzas y la educación, con
productos de precios relativamente bajos y accesibles para gran parte del mercado.
Algunos de estos
negocios obtienen ingresos de actividades como trayectos en coche compartidos o
alquiler de habitaciones a particulares, ya sea a través de comisiones o de la
monetización de sus plataformas digitales.
Entre los modelos de
referencia se encuentran BlaBlaCar, Car2Go o Uber, así como compañías
turísticas como AirBnB y Rentalia Holidays.
Según el estudio, los
factores clave para el éxito de este modelo de negocio han sido internet y las
redes sociales, en tanto que facilitan la búsqueda eficiente de personas
interesadas en el uso del producto o servicio, permiten ahorrar tiempo y costes
de gestión, al mismo tiempo que automatizan los procesos y funcionan en
entornos con mayor transparencia informativa.
Nuevas Tendencias
Uno de los puntos que se
destacan es que existe "una creciente tendencia de las empresas
tradicionales a patrocinar, invertir y adquirir nuevas plataformas, así como a
adaptar sus propios modelos para poder competir en este nuevo entorno". La
cadena hotelera Marriott está asociada con una empresa de 'coworking' para
comercializar sus espacios infrautilizados; BMW o Peugeot, con la entrada en
Koolicar tienen un servicio de vehículos compartidos, Avis compró Lyft y
Zipcar.
Si algo caracteriza a
estas plataformas es que se centran "en el acceso a los productos y
servicios en vez de en la propiedad", según un estudio de PwC. La mayor
cadena mundial de alojamientos (Airbnb) carece de un solo apartamento en
propiedad y la mayor flota de taxis (Uber) no tiene ni uno suyo. Es una de las
características de esta nueva forma de economía basada en explotar activos o
servicios ociosos, desde el aparcamiento particular cuando se emplea el coche
para ir a trabajar (Wesmartpark) hasta los asientos vacíos en los vehículos
durante los viajes (Blablacar).
En todo caso, se trata
de un gran negocio. Los ingresos de esta actividads en la Unión Europea (UE) el
año pasado alcanzaron los 28.000 millones de euros y a medio plazo pueden
siutarse entre los 160.000 y los 572.000 millones de euros, según las
estimaciones que recoge la Comisión Europea en las directrices que ha marcado
para regular estas actividades, que "han venido para quedarse", según
la comisaria de mercado interior e industria, Elzbieta Bienkowska.
Oligopolios a la vista?
No todo es blanco o
negro o de color de rosa. Detrás de la economía colaborativa también "hay
apropiación del término y parasitismo de iniciativas altruístas o generadoras
de confianza, cuando no puro capitalismo financiero, desligado de todo interés
social".
La advertencia forma
parte de un estudio del Instituto de Innovación Social de Esade en el que, a la
vez que se reconocen las bonanzas y sentido social de estas actividades, se
lanzan algunas alertas: en torno a la mitad de las transacciones en este ámbito
"están en manos de 17 empresas", con valoraciones millonarias; entre
ellas Uber (coches con chófer) o Airbnb (alojamientos en casas particulares).
Sus propietarios y accionistas son quienes se apropian de la mayor parte del
valor que genera el negocio sin ser los dueños de los activos, que aportan
terceros.
La cuestión es que
"en la economía digital, en la que se mueve la economía colaborativa, se
tiende a la concentración de poder progresiva, y se convierte en algo más
próximo al sistema oligopolístico", es decir, en el que dominan unas pocas
compañías, explica David Murillo, doctor en Sociología, profesor de Esade y uno
de los autores del estudio, en el que tambén participan la Fundació Abertis y
EY Fundación España.
De hecho más del 90% de
los beneficios de la economía colaborativa se lo llevan un 1% de las plataformas,
advierten algunos analistas. El propósito del trabajo es abrir el debate y
distinguir las actividades de este tipo que tienen un verdadero impacto social
y las que no lo tienen, afirma Murillo.
Pero además existen una
gran disparidad de modelos. "No es lo mismo Uber, que cada vez se apropia
de una mayor parte de la renta del conductor, que Airbnb, que dice aplicar una
comisión del 3%", agrega. Otra derivada son los individuos que acumulan
inmuebles y, que, finalmente lo que hacen es utilizar estas plataformas para
dar a conocer y comercializar su oferta de alquiler.
Los autores también
subrayan que existen plataformas más próximas a las pretensiones iniciales de
la economía colaborativa. Por ejemplo, Blablacar "ha demostrado que es
posible obtener beneficios dando acceso a las capacidades ociosas. Cada año se
comparten 40 millones de viajes en la plataforma y se estima que con ello se ha
evitado el consumo de un millón de toneladas de CO2", añaden.
Una Observación Importante
No obstante, el informe
alerta de ciertas dificultades como el vacío legal al que se enfrentan este
tipo de empresas frente a las tradicionales, la oposición de colectivos
vecinales y, en el caso de Uber, por ejemplo, el rechazo del colectivo taxista.
Asimismo, apunta que
existen factores que condicionan el éxito del producto o servicio, tales como
el precio, los costes de transacción, el ciclo de vida y la frecuencia de uso.
El estudio subraya que,
pese a que se nutren de mercados ya existentes, no todas las industrias tienen
el mismo potencial para crear plataformas de consumo colaborativo, ni obtienen
en el mismo retorno o beneficio, ya que funciona bien sobre todo en aquellos
sectores donde reduce drásticamente los costes de transacción.
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