Los Bancos
Centrales no pasan por un buen momento, una nota publicada por Reuters permite
concluir la situación de estas entidades en una sola palabra: SOCORRO!
Al situación
mundial es lo que provoca el desaliento en los principales Bancos Centrales del
mundo.
Junto a ello
un fenómeno que le ha tocado vivir a esta generación complica mucho mas las
cosas, hablamos de un panorama de tasas de interés negativas regadas en varios países.
Los jefes de
bancos centrales a cargo de buena parte de la economía mundial examinaron a
fondo los mercados de dinero y las tasas de interés durante una conferencia de
tres días en Estados Unidos y concluyeron el encuentro con un llamado unificado
a las autoridades de sus gobiernos: por favor ayúdennos.
Panorama Económico Mundial
Enfrentados
a un mundo de apagado crecimiento económico, débil inflación y tasas de interés
bajas, los funcionarios de la Reserva Federal, el Banco de Japón y el Banco
Central Europeo dijeron que sus esfuerzos por alentar la economía mediante la
política monetaria eran inútiles a menos que los jefes de Estado tomen medidas
más avezadas.
Estas
acciones van desde prioridades como una reforma inmigratoria en Japón a cambios
estructurales para elevar la productividad y el crecimiento en Estados Unidos y
Europa.
Sin
reformas, sostienen, será complicado convencer a los mercados y a los contribuyentes
de que las cosas mejorarán e imposible forjar un cambio de percepciones que
según muchos economistas es necesario para apuntalar el desempeño de la
actividad económica en todo el mundo.
Durante la
sesión del sábado en el simposio de Jackson Hole, la caída de las expectativas
inflacionarias y otros aspectos de la economía fueron mencionados como
problemas cruciales que complican el trabajo de los bancos centrales dirigido a
cumplir con sus objetivos y reavivar las perspectivas de Japón y Europa.
Un miembro
clave del consejo ejecutivo del BCE, Benoit Coeure, dijo que el banco estaba
trabajando duro para evitar que las expectativas públicas sobre la inflación
queden estancadas "del lado incorrecto", ni muy altas ni muy bajas.
Pero el lento ritmo de las reformas entre los gobiernos europeos estaba
perjudicando la estrategia, indicó.
"Lo que
hemos estado viendo desde el 2007 son reformas estructurales hechas a medias.
Eso no ayuda a respaldar las expectativas de inflación. Ha ayudado - en cambio
- a solventar las expectativas deflacionarias", declaró.
En tanto, el
gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, dijo sostiene conversaciones
habituales con el primer ministro Shinzo Abe en torno a la apertura del país a
más inmigración y a otros cambios políticamente sensibles para mejorar el
potencial del crecimiento, actualmente estimado en sólo 1 por ciento anual.
Janet Yellen y su discurso
La actual
presidenta de la FED merece una mención aparte, solo por el hecho de ser la
presidenta de la FED.
La
presidenta de la Fed, Janet Yellen, dedicó la última página de su esperado
discurso del viernes sobre política monetaria a la lista de reformas fiscales y
estructurales que según su opinión ayudarían a la economía global.
La política
fiscal no fue parte de la agenda formal de la conferencia, pero se convirtió un
asunto frecuentemente abordado por las autoridades, que discutieron sobre sus
estrategias para mejorar el desempeño económico en el mundo post-crisis.
Una de las
mayores preocupaciones radica en que las familias y las empresas se han vuelto
tan cautelosos respecto a sus perspectivas, al esperar poco crecimiento y una
baja inflación, que ya no responden de la forma deseada a las estrategias de
los bancos centrales.
Comentario desde Europa
Yanis
Varoufakis, ministro de finanzas Griego en un una publicación del Foro
Economico Mundial (WEF) dejo por sentado una situación bastante complicada: “Los
objetos de deseo tienen precio. Sólo cosas malas, como los desechos tóxicos,
tienen un precio negativo equivalente a la tarifa que cobre cualquiera que esté
dispuesto a hacerlos desaparecer. ¿Significa esto que las tasas de interés
negativas representan una nueva visión del dinero: que se ha convertido en algo
“malo”?” sentencia en su comentario.
En las
economías de mercado, el dinero es la medida del valor de los bienes y
servicios. Y la tasa de interés es el precio de tal indicador, del dinero
mismo. Cuando el precio es cero, no hay gran diferencia si el dinero se guarda
debajo del colchón o se presta, porque poseer efectivo o pedirlo un préstamo no
tiene costo alguno.
¿Pero cómo
puede ser cero el precio del dinero, que después de todo hace girar el mundo y,
como lo expresara Karl Marx, “transforma todas mis incapacidades en su
contrario”? ¿Y cómo es posible que llegue a ser negativo, como lo está hoy en
gran parte de la economía global, con los adinerados del mundo “sobornando” a
los gobiernos para que tomen préstamos por más de $5,5 billones?
La respuesta
sólo puede ser de un tipo que los economistas abominan: filosófica, política y,
por ende, irreducible a una explicación positivista clara. En otras palabras,
tiene que tratar de la esencia del dinero.
En un
mercado de productos agrícolas, los vendedores con muchas patatas sin vender
comienzan a bajar el precio hasta llegar a un nivel (posiblemente muy bajo,
pero todavía positivo) en que se acaban por vender todas. En contraste, desde
la crisis financiera global de 2008, cada vez que se ha reducido el precio del
dinero, cae la demanda del mismo y aumentan los excesos de ahorro. Está claro
que el dinero no es como las patatas ni ninguna otra “cosa” bien definida.
Para
entender cómo el dinero puede ser el bien supremo de nuestras sociedades,
incluso si llega a un precio negativo, sirve de ayuda comenzar con el
reconocimiento de que, a diferencia de las patatas, el dinero no posee ningún
valor privado intrínseco. Su utilidad viene dada por lo que su poseedor puede
hacer que otros lleven a cabo. Recordando la definición de Lenin sobre la
política, el dinero gira en torno a “quién hace qué a quién”.
Imagine que
es un empresario con dinero en el banco, o que tiene un banco muy deseoso de
prestarle grandes sumas para invertir en su empresa. Se pasa muchas noches en
vela pensando si debería invertir en un nuevo producto, es decir, si debe
aprovechar su acceso al dinero para que un conjunto de otras personas trabajen a
su nombre. En la Gran Deflación que estamos viviendo, lo que más le preocupa es
el poder de compra y la inclinación que sus clientes tengan en el futuro.
¿Podrán y estarán dispuestos a comprar su nuevo producto en cantidades y
precios suficientes?
Suponga que,
sin haber dormido mucho, enciende la radio o la televisión sólo para escuchar
que la Presidenta de la Reserva Federal de EE.UU. Janet Yellen y el Presidente
del Banco Central Europeo Mario Draghi están pensando en reducir aún más las
tasas de interés. ¿Se alegrará ante la perspectiva de que sus costes de
financiación se reduzcan? ¿Se sentirá motivado a invertir su propio dinero
ahora que gana menos intereses (tal vez incluso negativos)?
No y no.
Probablemente su reacción sea de alarma: “¡Dios mío! ¡Si Janet y Mario están
pensando en otro recorte más a las tasas de interés, deben tener buenas razones
para creer que la demanda seguirá siendo baja!” Así es que abandona su plan de
inversión. “Mejor tomar préstamos casi gratuitamente”, pensará, “y adquirir más
acciones de mi compañía, impulsar su precio, ganar más en el mercado de valores
y guardar en el banco las ganancias para los tiempos de vacas flacas que se
avecinan”.
El precio del dinero en
desplome
Y así
tenemos que el precio del dinero baja a pesar de que aumente su oferta. Los
banqueros centrales que nunca predijeron la Gran Deflación ahora tratan
afanosamente de encontrar una manera con modelos económicos y econométricos que
nunca la pudieron explicar, por no hablar de apuntar a posibles soluciones. No
dispuestos a cuestionar el dogma de que los bancos centrales deben ser
apolíticos, se niegan a pensar en el dinero como más que una “cosa”. Y así
siguen buscando un arreglo tecnocrático a un problema que clama por una
solución política filosóficamente astuta.
Es una
misión fútil. Cuando el precio del dinero (las tasas de interés) llegó a cero,
los bancos centrales trataron de comprar montañas de deuda pública y privada de
los bancos comerciales para incentivarlos a prestar dinero libremente. El BCE
hasta llegó a pagar a los bancos para que prestaran dinero a las empresas,
mientras que al mismo tiempo los castigaba por no hacerlo (mediante tasas de
interés negativas para los excesos de reservas).
Pero los
banqueros y las empresas, viendo estas medidas como respuestas desesperadas a
las expectativas deflacionarias autocumplidas, paralizaron sus inversiones al
tiempo que usaban el dinero de los bancos centrales para inflar los precios de
sus propios activos (acciones, arte, propiedades, etc.), con lo que no se
contribuyó en nada a la derrota de la Gran Deflación; sólo enriqueció más a los
ricos, resultado que de algún modo reforzó la creencia de los banqueros
centrales en la independencia del banco central.
Criterio Disruptivo
No todos los
banqueros centrales son incapaces de responder a la Gran Deflación con creatividad.
Andy Haldane, Economista en Jefe del Banco de Inglaterra, ha sugerido
valientemente que todo el dinero debería volverse digital, lo que permitiría
imponernos a todos tasas de intereses negativas en tiempo real, obligando así a
que todos gastemos a la vez. John Williams, Presidente y Director Ejecutivo del
Banco de la Reserva Federal de San Francisco, planteó hace poco que sólo sería
posible derrotar a la Gran Deflación si se toman medidas simultáneamente para
establecer el nivel de los precios y el ingreso nacional nominal, en lo que
constituye un enfoque similar al del New Deal, con una acción conjunta de la
Fed y el gobierno.
Lo que
distingue a estos banqueros centrales del resto es su disposición a cuestionar
el mito de la política monetaria independiente, aceptar que el dinero es la más
política de las commodities, poner en entredicho el carácter sacrosanto del
efectivo y conceder que para derrotar a la Gran Deflación es necesaria una
agenda política progresista.
Simone Weil
dijo una vez, “Si se desea saber cómo es realmente un hombre, obsérvese cómo
actúa cuando pierde dinero”. De manera similar, si queremos saber cómo son
verdaderamente nuestras sociedades, debemos prestar atención a cómo reaccionan
a las tasas de interés negativas.
0 comentarios:
Publicar un comentario