Europa
nuevamente vive momentos de tensión, nuevamente. Parece que la violencia, el
odio y todo aquello que hace miserable al ser humano está a flor de piel en el
viejo continente.
Es como si
un dia, cualquiera se despierta y amanece infectado por un virus de muerte y
horror.
Alemania y
Francia, dos de los países mas importantes de la Zona Euro han sufrido cada uno
en carne propia la violencia humana.
Europa
parece haberse vaciado desde el interior, paralizada en cierto sentido por un
problema en su sistema circulatorio, una crisis que pone en riesgo su vida,
ahora confiada a transplantes que acabarán eliminando su identidad.
Medio Oriente en Europa
Hace un par
de días el director de la sección italiana de Ayuda a la Iglesia Necesitada
(AIN), Alessandro Monteduro, advirtió a los europeos que el ataque del Estado
Islámico (ISIS) a una iglesia en Francia y el asesinato de un sacerdote
muestran que la persecución contra los cristianos que se vive en Medio Oriente,
“no está lejos de nuestra casa”.
En una nota
difundida en el sitio web de AIN, Monteduro señaló que la toma de la iglesia de
Saint Etienne du Rouvray en la Arquidiócesis de Rouen y el asesinato del P.
Jacques Hamel, de 84 años, es “un claro ataque a la libertad religiosa y un
claro ejemplo de odio anticristiano”.
“Hoy se ha
verificado una verdadera barbarie, pero no podemos indignarnos solo en
dramáticas ocasiones”, señaló Monteduro.
En ese
sentido, recordó que en los últimos años se han registrado en Francia ataques
contra iglesias y símbolos cristianos. “Exactamente como en Medio Oriente, a la
destrucción de los lugares de culto siguen los crímenes violentos y daños
contra sacerdotes y fieles”, señaló.
“La
persecución a los cristianos, como hemos visto hoy, no es lejana a nuestra
casa”, advirtió. “Comencemos a
rebelarnos, primero la comunidad internacional, contrastando la
descristianización que desde hace tiempo se propaga en Europa. Y también la
fracasada defensa de nuestra fe que nos ha puesto mayormente vulnerables”,
exhortó.
Una advertencia que a nadie
importo
El último
ataque a Francia ocurre a pocas semanas de cumplirse dos años de la advertencia
que hizo Mons. Emil Nona, Arzobispo Caldeo de Mosul (Irak), a través del diario
italiano Corriere della Sera, sobre el arribo del Estado Islámico a Europa.
El Prelado,
que dos meses antes fue expulsado con los cristianos de Mosul, señaló que los
cristianos de todo el mundo enfrentarían el mismo sufrimiento que su arquidiócesis
ha sufrido a manos de los terroristas musulmanes si no toman “decisiones
fuertes y valientes”.
“Nuestros
sufrimientos hoy son el preludio de los que ustedes, europeos y cristianos
occidentales, también sufrirán en el futuro cercano”, advirtió el 9 de agosto
de 2014 desde el Kurdistán iraquí.
“Sus
principios liberales y democráticos no valen nada aquí. Deben considerar otra
vez nuestra realidad en el Medio Oriente, porque están recibiendo en sus países
a un número cada vez mayor de musulmanes. Ustedes también están en peligro.
Deben tomar decisiones fuertes y valientes, incluso a costa de contradecir sus
principios”, expresó.
El Prelado,
quien tuvo que recorrer kilómetros con miles de cristianos para salvar sus
vidas, escribió a los cristianos occidentales que “ustedes piensan que todos
los hombres son iguales, pero eso no es verdad: El Islam no dice que todos los
hombres son iguales. Los valores de ustedes no son los valores de ellos”.
“Si no
entienden esto lo suficientemente pronto, se convertirán en víctimas del
enemigo que han recibido en su casa”, concluyó.
Una Reflexión Importante
En efecto,
en la medida en que el viejo continente renuncia a sus valores propios, en la
medida en que se consagra la dictadura de los fuertes sobre los débiles, en la
medida en que la dignidad del ser humano deja de ser el centro del orden
político, social y económico, nos encontramos ante una situación francamente
compleja. Una situación desoladora en la que se han eliminado de un plumazo
esos principios generales que, derivados de la naturaleza humana, se aplican a
todos los seres humanos sin distinción y que han sido característica básica del
entendimiento de la vida humana en el viejo continente. El derecho a la vida ha
dejado de ser un bien absoluto para convertirse en moneda de cambio para la
permanencia en el poder. La libertad educativa, igualmente, se cercena a diario
por las necesidades del control y manipulación de los partidos gubernamentales
que, en muchos casos, no toleran la existencia de espacios de libertad. No
digamos la libertad de expresión, oscurecida y condicionada tantas veces a los
dictados de los poderes que reinan en el mundo de los medios de comunicación.
Efectivamente, el dinero, el poder y la notoriedad configuran un ambiente en el
que todo está permitido, en el que no hay frenos ni limitaciones morales, en el
que, si es menester, se procura narcotizar la conciencia de los ciudadanos a
base de consumismo insolidario evitando que salga a la luz la vitalidad de la
conciencia crítica. Si se censura una determinada manera de ejercer el poder,
incluso el judicial, se corre el peligro de ser expulsado del espacio del único
pensamiento que se tolera: el oficial o el que dicta la cúpula de la
tecnoestructura. En este panorama que hoy domina el viejo continente es lógico
que muchos reclamen la vuelta a los principios, a las raíces, que recuperemos
nuestra identidad y volvamos a ser para el mundo lo que siempre fuimos: ejemplo
de pensamiento abierto comprometido con la verdad y con los derechos humanos.
Pero para ello, es menester volver a la lucha cívica por la libertad, al
compromiso real con los desfavorecidos, al Estado social y democrático de
Derecho. (Tomado del Blog
DiariodeAvisos.com)
Una nueva Anormalidad
Los ataques
en Bélgica, Francia y Alemania amplifican la ansiedad sobre el Brexit.
La tela de
la cohesión que ofrecía paz, prosperidad y seguridad, tejida pacientemente
durante décadas de repente parece a punto de romperse.
Una vez, el
Día-D, los aliados desembarcaron en las playas de Normandía para rescatar
Europa de las garras del sombrío nazismo. Hoy nuevas amenazas se ciernen: el
radicalismo y el nacionalismo rampante.
La espantosa
ejecución de un sacerdote en una iglesia de Normandía, al norte de Francia,
ciñó más aún una cuerda ya demasiado apretada.
Se ha ido
acortando desde hace un tiempo: Charlie Hebdo, los ataques del 13 de noviembre
en París, los del aeropuerto y metro de Bruselas, y Niza, Francia.
El día antes
del asesinato del sacerdote francés, un festival de rock en Alemania fue el
blanco de un atacante suicida que había jurado lealtad a ISIS. Solo el atacante
murió. Podría haber sido mucho peor.
No importa
la cantidad de ataques que frustren, llegan otros. El poder del hombre está por
debajo de lo que se requiere. Poner a una persona bajo vigilancia las 24 horas
consume recursos: 20 profesionales capacitados para vigilar a solo un
sospechoso.
En toda
Europa varios miles de hombres y mujeres jóvenes han viajado a Iraq y Siria
para unirse a ISIS.
Las
lecciones aprendidas allí desde las últimas dos décadas de campamentos
terroristas en Afganistán y Pakistán son la base de la formación de un luchador
de ISIS. Las alianzas establecidas entre los yihadistas se convierten en redes
internacionales fiables cuando regresan a casa.
Ya se trate
de Reino Unido, Bélgica, Francia, Alemania, Dinamarca, por nombrar solo unos
pocos, son todos objeto de la nueva amenaza yihadista.
Una tarea
que se hizo mucho más difícil por los extremistas islámicos que nunca se mueven
y en silencio y aspiran a la ideología nihilista del grupo terrorista. Estos
lobos solitarios son a menudo mucho más difíciles de encontrar y, por tanto, de
controlar.
A medida que
abordamos los síntomas debemos entender la causa. El problema trasciende las
fronteras y, por lo tanto, también la solución.
En un
momento de debilidad, Europa se enfrenta a sus mayores amenazas en una
generación.
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