viernes, 22 de julio de 2016

Actualidad: Europa, una sociedad a contracorriente

Sin duda alguna, este año ha sido uno de los más complicado para la Zona Euro, convulsiones políticas, fracturas sociales, atentados terroristas, sentimientos nacionalistas y una generación que por donde se le vea parece no tener decisión sobre el futuro de sus vidas.
No hay duda alguna que la actual generación europea posee quizás la mejor educación de los últimos 50 años, con universidades y escuelas que dominan casi todos los ámbitos del conocimiento, y con una multiculturalidad que le da una riqueza social y humana únicas en el mundo y amen de su historia que es creo yo lo más valioso que tiene, pues pasar por 2 guerras mundiales, resentimientos y corrientes sociales muy dañinas para la sociedad, han sabido reconciliarse y actuar en bien común de sus pueblos.
Pero hoy las cosas pintan muy diferente, algo está sucediendo que está llevando a Europa a una crisis social, económica, política y humana que hasta hace unos años era impensable.


Sucesos Inolvidables
Han pasado momentos en Europa que quedaran escritos en los libros de historia para siempre.
En sólo una semana, en distintas regiones de Europa se han experimentado importantes sucesos
- Atentado en Niza. Otra vez Francia. Todavía con las heridas abiertas por los atentados perpetrados de manera simultánea en seis puntos de París en noviembre de 2015, y por el ataque al semanario satírico Charlie Hebdo, se da un nuevo acto terrorista el 14 de julio en Niza. Como en los casos anteriores, el grupo terrorista Estado Islámico se adjudicó y reivindicó el acto. Si a eso se suman los atentados en el aeropuerto y metro de Bruselas en marzo, los de hace unas semanas en el aeropuerto de Estambul —todos ellos en suelo europeo—, más los de Irak y Bangladesh en este mismo mes de julio —por citar los más recientes—, todos ellos atribuidos al Estado Islámico, y la matanza en el local gay de Orlando, Florida, a manos de alguien autoidentificado también con esa organización, la amenaza adquiere sin duda una dimensión planetaria. En una época en la que la crisis migratoria en Europa atraviesa uno de sus episodios más dramáticos y los discursos de intolerancia y odio se encuentran tan en boga, citando a Samuel Huntington, el choque de las civilizaciones encuentra renovados argumentos.
- Mismo método, nuevas respuestas. Desde que asumió el poder en Turquía en 2003, primero como primer ministro y luego como presidente, a Recep Tayyip Erdogan se le ha acusado de gobernar de manera cada vez más autoritaria. El viernes pasado una facción del Ejército se levantó contra el gobierno, tomando el control del puente sobre el Bósforo —la puerta a Europa, en Estambul— y de algunos medios de comunicación, y enviando tanques al Parlamento en Ankara. Parecerían acciones suficientes en Chile en 1973, o en la misma Turquía de 1980. Pero no fue así en 2016. La asonada pudo ser controlada, con un saldo de alrededor de 250 muertos y 1,500 heridos. Erdogan, que llevaba años preparando a una policía alterna para actuar en una ocasión como esta, y con el apoyo de las fuerzas armadas leales, pudo imponerse a los sublevados. Además, con la ayuda de las redes sociales, el gobierno y sus aliados pudieron burlar el “cerco informativo” y —a pesar de la impopularidad que ese gobierno genera entre amplios sectores— la población salió a las calles en defensa del orden constitucional. Las circunstancias le permite ahora a Erdogan sacar raja política y avanzar en la toma de decisiones autoritarias: se han detenido a más de 6 mil personas (principalmente jueces y militares) y a seguidores del clérigo opositor al régimen, Fethullah Gülen, acusado por el régimen de ser uno de los principales orquestadores del golpe.
- Nueva premier británica. Y en el otro extremo de Europa, sin elecciones generales de por medio, Theresa May se convirtió en la segunda mujer en ocupar el cargo de Primer Ministro de la Gran Bretaña, tras la renuncia de David Cameron por los resultados del Brexit. Le tocará a May conducir el inicio del nada sencillo proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Impotencia y Temor
Estos días de sangre y miedo en Francia, que tanto nos duelen a los que compartimos la tierra y el destino de este Viejo Continente, releí los versos del gran poeta irlandés William Butler Yeats, “Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de apasionada intensidad”, y me di cuenta de cuán certeramente nos definen aún un siglo después de que él los escribiera.
El europeo promedio apenas tiene convicciones fijas. Es la forma de no herir la sensibilidad ajena. Sería de mala educación y bajos instintos creerse en posesión de verdades. Hasta ese punto ha evolucionado la finesse de la cultura europea. Y así, poco a poco, y como reacción contra la vehemencia de los “peores” del siglo pasado –nazis, estalinistas, fascistas– fuimos adoptando el relativismo.
Crecimos con el mantra de que las convicciones había que atemperarlas para que no se convirtieran en semillas de intolerancia, en dogmatismos perniciosos. Había que ser flexible a todo y todos. Y eso es lo que somos. Elásticos y blandos, casi sumisos, con nuestros declarados enemigos islamistas, llenos ellos de intensas pasiones asesinas.
Alfombrada está Europa de tumbas de inocentes. Francia en particular es blanco de la saña yihadista: 12 asesinados al grito de Allahu Akbar (Alá es grande) en el ataque contra el semanario satírico Charlie Hebdo en París; otros 137 en el club Le Bataclan y dos restaurantes parisinos; y al menos 84 esta semana en Niza, quizá el más insidioso de todos. Tres masacres que revelan la lacerante impotencia del gobierno para proteger a la población.
Sin olvidar los atentados en Bruselas que dejaron 30 víctimas, en España 191, Londres 56… Ni olvidar debemos los ataques a menor escala o intimidaciones que se suceden día a día, como el reciente apuñalamiento a un matrimonio de policías en su propia casa y frente a su hija; o el de un joven refugiado afgano que esta semana atacó a hachazos a pasajeros en un tren de Alemania. Los perpetradores suelen aglutinarse en zonas sharía y de allí salen a matar infieles. Sólo en Francia hay más de 750, llamadas eufemísticamente “Zonas Urbanas Sensibles”; y aumentan en Gran Bretaña, Suecia, Alemania, Holanda…
Esa es la Europa real, la que no ven los turistas ni captan los comentaristas de otras partes del mundo, por mucho que pontifiquen sobre teorías y causas de los atentados islamistas. A veces uno escucha, ve o lee verdaderas caricaturas de la realidad europea. (De la misma manera que muchos en el Viejo Continente no entienden a América).


Sin planteamientos claros
Europa deambula por el cuadrilátero como un púgil sonado. Incapaz de protegerse con una política exterior común o de cumplir el mezquino compromiso de recolocar a 160.000 refugiados, concede barra libre a los países que la integran. Y estos tienden a replegarse sobre sí mismos. El Reino Unido hace mutis y abandona el club. Hungría flirtea sin tapujos con el fascismo. Austria cierra la ruta de los Balcanes. Todo el espacio europeo de libre tránsito se desmorona, olvidando la advertencia de Jean-Claude Juncker: si muere Schengen, «también morirán el euro y el mercado interior».
El instinto de venganza ante una masacre como la de Niza es inevitable. Lo que sí es evitable es sacarle ventaja política, en vez de aplacarlo. Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional, ha sabido capitalizar el miedo y las ansias de venganza. Ya es la segunda fuerza nacional y se perfila como la primera en las zonas de gran concentración musulmana como Niza y Marsella, consideradas “cunas del yihadismo”.
En esta Europa enferma se necesitan urgentemente convicciones equilibradas, y valentía para combatir los extremos. Si se quiere evitar una tercera guerra, esta vez de civilizaciones, como ya auguran algunos.


No hay mal que dure cien años
Existen muchas experiencias europeas de convivencia con la diversidad y no todas están funcionando bien. Parece que no hay soluciones simples y de manual a problemas complejos que involucran elementos económicos, sociales y de identidad construidos a lo largo de muchos años.
Pero como tantas veces se ha dicho, «allí donde crece el peligro está también la salvación». Existe la inteligencia colectiva, la capacidad de resistencia a lo que sabemos que está mal, la voluntad de aprender y de utilizar lo mejor del conocimiento humano en todos los campos para no rendirse a la fatalidad, a la ignorancia y a la influencia de los que bloquean el avance social para defender privilegios. Como nos recuerda George Steiner, la idea de Europa que nos puede hacer soñar viene de muy lejos, de nuestras villas, ciudades y cafés donde se reunían nuestros antepasados para hablar, debatir, conocer y decidir de qué manera la vida en común merecía más la pena. Las libertades que nos permiten replantear constantemente nuestra convivencia, explorar y defender las conquistas sociales que vamos construyendo costosamente a lo largo del tiempo, nacen primero en los pequeños espacios donde es más fértil la combinación de emoción y razón que sustenta su consolidación y su progresión hacia espacios políticos más amplios. Así pues, quizá exista, en estos tiempos de nacionalismos desatados, una oportunidad para lo que el holandés Dick Pels denomina un europatriotismo, una eurociudadanía y una eurodemocracia que consiga desplegar sus contenidos tanto en el ámbito local como en el nacional y en el europeo y dispute la conquista de emociones y razones a las visiones que nos acechan apelando a nuestros peores instintos.


Ubicación: Distrito de Lima, Perú

Related Posts:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Gráfico Divisas

Calendario Economico

Calendario económico en tiempo real proporcionado por Investing.com España.